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Ámbar Cuidados

Entender el cuidado

Cuándo pedir ayuda profesional para el cuidado de un padre o una madre

Pedir ayuda no es correrse. Es volver a ser hijo o hija.

Pedir ayuda no es correrse del cuidado. Es tercerizar en profesionales y cuidadores lo que no podés sostener solo, para volver a ser hijo o hija —y darle a tu papá o tu mamá un tiempo de calidad, no solo de gestión.

Ivana García Médica gerontóloga · Directora de Ámbar

3 min de lectura
Manos de una persona mayor y de un familiar, compartiendo el té en la mesa.
El tiempo compartido tiene que ser de calidad, no de gestión.

Señales de que quien cuida ya no da más

  • Fatiga extrema y crónica; deja de lado su propio autocuidado
  • Problemas de salud propios que no controla ni previene
  • Conflictos de pareja o con la crianza por no estar presente
  • Síntomas depresivos, ansiedad, insomnio, estrés crónico
  • Problemas laborales y cero tiempo de recreación
  • Aislamiento: se caen las redes propias
  • Conflictos entre hermanos (quien más se ocupa vs. quien menos)
  • Impacto económico por bajar el rendimiento o las horas de trabajo

Banderas rojas en la persona mayor

  • Deterioro agudo

    Deshidratación (incluso en invierno) suele llegar cuando antes pasaron cosas que nadie vio a tiempo.

  • Caídas

    Con o sin fractura. No es “un tropezón más”: es una señal de que hay que reordenar el entorno y el plan.

  • Medicación desordenada

    Olvidos, sobremedicación o confusión de remedios, con las reacciones adversas que eso trae.

  • Ánimo y sentidos

    Síntomas depresivos a veces ligados a vista u oído: resolviendo la causa, a menudo mejora el ánimo.

  • Desorientación o agudos graves

    ACV, neumonías a repetición, constipación crónica que termina en enemas invasivos —mucho de eso se previene con hidratación, movimiento y dieta con fibra.

Una profesional de Ámbar, de guardapolvo, abraza sonriendo a una mujer mayor en el living de su casa.
Cuando la familia pide ayuda no abandona: terceriza y vuelve al vínculo.

Pedir ayuda no es abandonar

Los hijos no tienen que ser cuidadores. Los hijos tienen que ser hijos. El tiempo compartido tiene que ser de calidad y en ese rol —no en el de cuidador permanente.
Ivana García · Médica gerontóloga

Cuando la familia pide ayuda, no abandona: terceriza el cuidado en un equipo de profesionales y, en general, en cuidadores. Se trabaja para soltar la culpa de no estar 24/7 pendiente, y para poder rehacer trabajo, familia y desarrollo personal, quedando atentos a lo que el equipo y los cuidadores van avisando.

Ante una urgencia o la falta de un cuidador, el hijo puede cubrir. Lo que no debería ser la norma es vivir solo en el rol de cuidador.

El primer contacto no te ata a un plan eterno

  1. Tres puertas de entrada

    Asesoramiento familiar (virtual o presencial, sin ver aún a la persona mayor), primera consulta en domicilio por algo puntual, o evaluación gerontológica integral. En las tres salís con sugerencias de mejora.

  2. Podés implementar por tu cuenta

    Ámbar trabaja de manera particular. Hay familias que toman las sugerencias, las financian con su cobertura u otros profesionales, y vuelven meses después para un seguimiento. También funciona.

  3. Si solo pudieras hacer una cosa esta semana

    El asesoramiento familiar: se coordina fácil, se adapta a los horarios de los hijos y en una hora ordena la situación a partir de lo que cuentan. Es lo más accesible en tiempo, logística y costo de arranque.

Siguiente paso

¿Te resonó algo de esto?

Si te reconocés en el desborde, no hace falta “tener todo resuelto” para escribirnos. El asesoramiento familiar puede ser el primer orden.

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